Entrevista al Dr. Seignalet: “La alimentación es preventiva y curativa”

Seignalet

 

El Dr. Jean Seignalet, trabajó como médico inmunólogo en el hospital Saint-Eloi (Laboratorio de Inmunología) de Montpellier (Francia) y fue catedrático en la Universidad de la misma ciudad. Se especializo en biología, dedicándose al sistema HLA (Humano Leucocito Antígeno), dirigiendo durante 30 años el Laboratorio de Histocompatibilidades de su hospital. Fue pionero en el trasplante de órganos y tejidos, en especial los renales.

En 1988 comenzó a investigar sobre el mecanismo de ciertas enfermedades y a tratarlas con un régimen alimenticio.

Fue autor de más de 200 publicaciones en las principales revistas médicas en lengua inglesa y francesa, y libros como “L’Alimentation ou la Troisième Médecine” (La alimentación, la tercera medicina) y “Prévenir et guérir 91 maladies incurables par l’alimentation” (Prevenir y sanar 91 enfermedades incurables, por medio de la alimentación).

Falleció en Montpellier el 13 de Julio del 2003.

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¿Que es lo que le ha llevado como médico, a dar tanta importancia a la alimentación?

J.S.: Me he curado de una grave depresión nerviosa imponiéndome un régimen alimenticio que excluía los cereales y los productos lácteos, y que era rico en productos crudos. Al cabo de cinco meses, sentí que me volvía la calma y, algunas semanas más tarde, volví a dormir bien y a tener un funcionamiento cerebral normal. Entonces me di cuenta, después de muchos años, que sufría porque me alimentaba mal. La alimentación forma parte integral de la medicina y es algo más que el “menos sal para los hipertensos y menos azúcar para los diabéticos”. Como soy por naturaleza curioso, y la mayor parte de las enfermedades tienen un origen misterioso, decidí experimentar con mis pacientes. He buscado comprender científicamente cómo una alimentación inadaptada podía acarrear una patología. Y cómo preparar un régimen eficaz y práctico para curarse. No tengo ninguna duda sobre este tema: la alimentación es a la vez preventiva y curativa.

 

¿Otras personas han explorado esta vía?

J.S.: Desde los comienzos de la humanidad, nunca han faltado regímenes alimenticios. Pero pocos están basados en teorías científicas comprobadas. Entre todos estos regímenes, he seleccionado el de la Dra. Catherine Kousmine, el de Guy-Claude Burger y el del Dr. Jacques Fradin. Los dos primeros han establecido la relación entre las modificaciones alimenticias a lo largo de los siglos y la aparición de ciertas enfermedades raras en otro tiempo. Y el Dr. Jacques Fradin demuestra que, además de la predisposición genética de cada uno, los factores ambientales son dominantes en el 90% de las enfermedades. A partir de estas constataciones, cada uno ha elaborado su régimen.

 

 ¿Usted piensa que la alimentación interviene en la aparición del cáncer?

J.S.: Dos de cada tres cánceres dependen de la alimentación. ¡Atención! Distingo los cánceres hereditarios de los cánceres adquiridos. Los primeros están relacionados con anomalías genéticas, tales como ciertos cánceres de mama o de colon. Por el contrario, los cánceres adquiridos (cerca del 95%), incluso si se han encontrado genes predispuestos, son esencialmente provocados por ciertos factores ambientales: la alimentación, el tabaco, el amianto o los virus en el caso del cáncer de cuello de útero, por ejemplo.

¿Cómo explica el papel de la alimentación en la aparición del cáncer?

J.S.: La alimentación moderna actúa sobre un órgano clave, el intestino delgado, aportando moléculas que nuestras enzimas no pueden degradar. Grandes moléculas de origen alimenticio se acumulan en la luz digestiva (el interior del intestino). Se modifica entonces la flora bacteriana, que se convierte en una flora de putrefacción. Algunas bacterias, más o menos patógenas, son destruidas por las respuestas inmunitarias locales, liberando grandes moléculas de origen bacteriano. Todo esto agrede la mucosa del intestino delgado y puede hacerla demasiado permeable. Entonces, las grandes moléculas, alimenticias y bacterianas, atraviesan la barrera intestinal y entran en la sangre. Se depositan en diversos tejidos y atascan el organismo. Este atascamiento impide a las células sanas y al medio extracelular, ejercer sus efectos reguladores sobre las células en vías de cancerización. Por otro lado, el proceso puesto en marcha por el organismo para depurar el medio extracelular de las macromoléculas que estorban, genera radicales libres. En mi opinión, la intoxicación intracelular es la razón principal de la cancerización de las células. Algunas macromoléculas extranjeras molestan progresivamente, bloqueando el funcionamiento de diversos mecanismos y la acumulación de desechos rompe ciertos equilibrios fisiológicos. Estoy persuadido que este envenenamiento prolongado de la célula termina por acarrear alteraciones del ADN nuclear y provocar anomalías genéticas que conducen al cáncer.

 

 ¿Qué ha experimentado en sus pacientes con el régimen ancestral?

J.S.: He realizado un estudio sobre 1000 personas que han seguido este régimen durante cuatro años. Todos están libres de cáncer o leucemia; habían tenido un cáncer, pero se les considera curados. He tenido en cuenta todos los cánceres (salvo los de la piel, esencialmente debidos al sol), y he incluido el cáncer de pulmón con la condición que el paciente haya cesado de fumar. He verificado el valor preventivo de la alimentación comparando sobre esta población, el número “esperado” y el número “real” de cánceres aparecidos a lo largo del régimen ancestral. El número esperado de canceres se situaba en 18,42, y el número real ha sido 1. Este único caso fue la recaída de un cáncer de mama, hormonodependiente, en el cual se cometió la equivocación de no darle el tratamiento antiestrogénico.

 

¿Qué se puede esperar del régimen ancestral en el tratamiento de cáncer?

J.S.: El número de casos, tengo que precisarlo, es demasiado pequeño para permitir evaluar el papel curativo de este régimen sobre el cáncer. De lo que estoy seguro es que la dietética limpia las células que han quedado sanas, lo que les permite jugar un papel protector. Pero no cumplirá milagros en casos avanzados y muy extendidos. Además, la mayor parte de estos pacientes continúan sus tratamientos clásicos. He observado buenos resultados en un hombre con cáncer de próstata, que con el régimen ancestral ha visto bajar su tasa de PSA (antígeno prostático específico) de 15 a 5, y mantenerse en este nivel durante tres años. Y sobre una mujer afectada de un cáncer de colon con metástasis hepática. Después de un año de dietética, la metástasis disminuyó y pudo ser extirpada quirúrgicamente. A los tres años, le había remitido el cáncer completamente. Pero, haría falta muchos más casos para apreciar realmente el valor curativo del cambio de alimentación. Este régimen permite en todos los casos soportar mejor la quimioterapia.

Probando este régimen, las personas no corren ningún riesgo, es perfectamente equilibrado y no acarrea ninguna carencia. La dietética aparece como un instrumento muy interesante a utilizar.

 

Usted obtiene resultados interesantes y sin embargo sus colegas médicos no siempre creen en los beneficios de la alimentación.

J.S.: Que no crean en esta teoría o incluso que les sea indiferente, puedo comprenderlo. Lo que me sorprende más, es que no quieran experimentarlo. Yo he cumplido con mi deber exponiendo mi teoría y no busco reconocimientos especiales. Yo trato gratuitamente a las personas, hago una docena de conferencias cada año para transmitir mis ideas a los médicos y al público en general.

 Entrevista de Martine Laganier – www.medecines-douces.com

Publicado en Alternative Santé – L’Impatient (Francia)

 

Para evitar este “ensuciamiento celular”, y con ello muchas enfermedades, explico brevemente el Régimen Ancestral, del Dr. Jean Seignalet:

–          Completa exclusión de la leche animal y todos los derivados lácteos. La leche de vaca es muy diferente de la materna y particularmente nociva (ANDRE 1983 – BOUDET 1993).

–          Total exclusión de los cereales en la alimentación (trigo, maíz, cebada, centeno, avena) porque han sufrido mutaciones y son cocidos, a diferencia de los cereales tomados por nuestros antepasados, salvajes y crudos (JOUDRIER 1983 – GAY 1987). Se permite únicamente el arroz y el trigo sarraceno, inofensivos y sin mutaciones (HIGRAM 1989).

–          El consumo de productos crudos o, al menos, nunca fritos ni preparados a más de 110º C., por el hecho de que la cocción genera nuevas moléculas inaccesibles a nuestros enzimas: isómeros, moléculas de Maillard, hidrocarburos aromáticos policíclicos y aminas heterocíclicas cancerígenas… (CUQ 1992).

–          Utilización e ingesta de aceites vírgenes obtenidos por primera presión en frío y exclusión total de los extraídos en caliente o refinados, que contienen hexano tóxico, ácidos grasos saturados peligrosos e isómeros “trans” inalcanzables por nuestras enzimas y muy nocivos (BONDIL 1989 – MANN 1994).

–          Uso preferente de productos biológicos y exclusión de productos con aditivos alimentarios como colorantes, conservadores, estabilizantes, o contaminados por pesticidas, abonos, hormonas, antibióticos administrados a los animales, etc.

–          Suplementar las dietas con minerales, oligoelementos, vitaminas, antioxidantes, fermentos lácticos, ácidos grasos esenciales, etc., ya que los déficits son frecuentes debido a las aberraciones en los métodos de producción agrícola y de la cría del ganado (DUPIN y HERCBERG 1992).

 

 

 

3 pensamientos en “Entrevista al Dr. Seignalet: “La alimentación es preventiva y curativa”

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